No a la violencia en los estadios de fútbol

En Anotagol queremos que las familias disfruten del fútbol en los estadios sin riesgos ni temores. 

Juan es un obrero en sus treinta y tantos que vive en algún país latinoamericano. Es padre de dos pequeños, amante del fútbol y fiel seguidor del equipo de su ciudad, una afición que heredó de su progenitor y que también ha pasado a sus hijos.

Juan recuerda con añoranza cuando de niño iba con su padre a las localidades populares del estadio de su equipo. Ahora, por desgracia, él no puede hacer lo mismo con sus hijos. El estadio se ha vuelto un lugar peligroso y violento a causa de los ultra fanáticos y barras bravas. También su padre, ya entrado en años, dejó de ir al fútbol, temeroso de los ataques de esos energúmenos.

Martín no se perdona haber llevado a su novia Marcela a ver un partido. Hinchas radicales de su mismo equipo manosearon a Marcela y vapulearon a Martín cuando este intervino en su defensa.

José tiene tres hijas adolescentes que se mueren por ir a un partido de la selección nacional de su país, pero le asusta la sola idea de exponerlas a la misma suerte de la novia de Martín. Ver el fútbol en la tele no es ni remotamente parecido a vivirlo en un estadio, pero es lo que queda.

Esta lamentable situación de violencia galopante y ausencia de valores impide que niños, mujeres y personas mayores disfruten la emocionante experiencia de presenciar un partido. Los estadios de fútbol han dejado de ser un sitio de recreo familiar.

La violencia en los estadios ha evolucionado para mal en los últimos tiempos. Poco a poco, los espectadores pacíficos que solían ir a la cancha para animar a sus equipos, fueron dejando de hacerlo de manera alegre y respetuosa y empezaron a atacar al rival, primero con insultos y silbidos, luego lanzando objetos a los jugadores y aficionados contrarios, y finalmente agrediéndose físicamente en verdaderas batallas campales. No son pocos los aficionados que han resultado con graves secuelas de la violencia en los estadios, algunos incluso han perdido la vida.

Las causas de la violencia en los escenarios deportivos son muchas y suelen ser un claro reflejo de nuestras sociedades y sus males. El tema ha sido objeto de numerosos estudios y ha generado muchos debates. Evidentemente, la violencia es un problema de grandes proporciones que requiere políticas de Estado y acciones concretas de las autoridades competentes. Sin embargo, como parte de la sociedad, cada uno de nosotros debería preguntarse cuánto hace para ayudar a resolver el problema. 
La lucha contra la violencia en el deporte es responsabilidad de la sociedad en general, no sólo de los Cuerpos de Seguridad y de las Autoridades pertinentes. La razón es lógica ya que las consecuencias de esa violencia, exceden el terreno de juego, creando una situación de preocupación y alerta social (Sánchez y Mosquera, 2011, p. 113)
Por supuesto que esperamos que las autoridades deportivas y gubernamentales asuman su responsabilidad, trabajen en conjunto, establezcan las acciones legales y ejecuten las medidas pertinentes para garantizar la seguridad en los estadios, como controlar el acceso de armas, alcohol y estupefacientes, implementar vídeo vigilancia, mantener listas negras de aficionados indeseables y actuar de manera rápida y efectiva para reprimir comportamientos violentos durante los partidos. Sin embargo, como individuos también podemos contribuir a erradicar la violencia de nuestros escenarios deportivos. ¿Cómo?

Cambiemos el discurso de odio y exclusión

¿Nos escuchan nuestros hijos u otros jóvenes hablar de manera ofensiva sobre otras naciones o etnias? ¿propagamos la discriminación por color, credo o condición social? ¿usamos insultos y groserías para referirnos a otros equipos y aficionados? ¿nos expresamos de las mujeres de forma desdeñosa y grosera? ¿entramos en la dinámica de ofensas entre fanáticos en las redes sociales de medios e instituciones deportivas? Está claro que el odio es un poderoso combustible para detonar comportamientos violentos. Pero incluso cuando usamos ese tipo de expresiones despectivas o burlonas sin odiar realmente al rival, podemos ofender e irritar a otros hasta empujarlos a una respuesta igual o más violenta. De ahí en adelante, es difícil calcular hasta donde puede llegar la escalada de violencia resultante.

Respetemos al rival

Es preciso mostrar respeto por otros equipos, sus colores, himnos y símbolos; humanizar al aficionado del equipo rival, entenderlo como una persona con sus propias ideas, sentimientos, problemas, aspiraciones, metas, gustos y aficiones. El aficionado del equipo contrario es como nosotros, tan solo le va a otros colores. Un adversario deportivo no tiene porque ser visto ni tratado como un enemigo. El fútbol es un juego, no una guerra. Es necesario infundir esa perspectiva en nuestros jóvenes, los nuevos aficionados que en el futuro ocuparán las gradas de los estadios de fútbol.

Fomentemos la tolerancia

Si el que nos insulta es un aficionado del equipo contrario, la situación se vuelve más difícil de manejar y nos pone a prueba. Se requiere mucha madurez, paciencia y tolerancia para no devolver las agresiones ni permitir que las ofensas nos malogren la alegría de presenciar un partido. Nunca debemos perder de vista que para que haya pelea se requieren dos. Mantener una actitud pacífica y un comportamiento civilizado puede ser el mejor disuasivo para evitar que persistan las agresiones.

Colaboremos con las autoridades

Al asistir a un partido, acatemos los procedimientos de control y seguridad implementados por las autoridades. ¿Hemos identificado malos aficionados que agreden verbal o físicamente a otros? Esos comportamientos son inadmisibles y deben ser denunciados.

Si somos ciudadanos ejemplares y buenos aficionados, tendremos la suficiente autoridad moral para exigir a las instituciones deportivas y gubernamentales que hagan su parte en el rescate de los estadios de fútbol como sitios seguros de recreo familiar. Confiamos en que pronto llegará el día en que todas las localidades de los estadios sean tan seguras como para que José lleve tranquilamente a sus hijas y Martín a su novia. Finalmente, Juan podrá disfrutar de presenciar el fútbol junto a su viejo padre y sus pequeños hijos. Lograrlo depende de todos. ¿Estás de acuerdo?
¡Únete a la campaña para erradicar la violencia de los escenarios deportivos! En Anotagol queremos que las familias disfruten del fútbol en los estadios sin riesgos ni temores. ¡Comparte!

Referencias

Sánchez Pato, A. y Mosquera González M.J. (2011). Tratado sobre violencia y deporte: La dialéctica de los ámbitos intercondicionantes. Wanceulen, España.

Entradas populares de este blog

Calendario Dinámico Rusia 2018

La canción oficial de cada Copa del Mundo